jueves, 3 de junio de 2010

LOS DOCE PASOS EN EL CAMINO DE LA RECUPERACIÓN


Celebremos la Recuperación es un programa bíblico y balanceado que puede ayudarte a  liberarte de tus heridas, malos hábitos y complejos.  Durante los próximos artículos estaremos dando una breve mirada a este importante material que puede ayudarte a romper las cadenas de la adicción a la pornografía y vivir una vida de integridad.

PASO NUMERO UNO: RECONOCER
Reconocemos que no somos Dios y que nuestras vidas están fuera de control. Admitimos que no tenemos el poder sobre nuestras adicciones y comportamientos compulsivos y que nuestras vidas llegaron a ser inmanejables. “Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo” (Romanos 7:18)

PASO NUMERO DOS: CREER
Admitimos que solamente Dios puede restaurarnos por completo. En una forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que Él tiene el poder para ayudarme en mi recuperación. “Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (filipenses 2:13).

PASO NUMERO TRES: ENTREGAR
Tomamos la decisión de entregar nuestra voluntad y nuestras vidas al cuidado de Dios. Conscientemente decido comprometer toda mi vida y voluntad al cuidado y control de Cristo. “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Romanos 12:1).

PASO NUMERO CUATRO: EXAMINAR
Hacemos una búsqueda y un completo inventario moral de nuestra vida y acciones. “Hagamos un examen de conciencia y volamos al camino del Señor” (Lamentaciones 3:40).

PASO NUMERO CINCO: CONFESAR
Admitimos ante Dios, ante nosotros mismo y ante otro ser humano en quien confiamos, la naturaleza exacta de nuestros pecados. “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz”. (Santiago 5:16)

PASO NUMERO SEIS: ESTAR DISPUESTO AL CAMBIO
Estamos completamente listos para que Dios remueva todos nuestros defectos de carácter. “Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.” Santiago 4:10)

PASO NUMERO SIETE: PEDIR
Para que Dios pueda hacer los cambios en mi vida, me someto voluntariamente a Él y con humildad le pido que remueva mis defectos de carácter. “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonara y nos limpiara de toda maldad.” (1 Juan 1:9)

PASO NUMERO OCHO: EXAMINAR NUESTRAS RELACIONES Y ESTAR DISPUESTO A ENMENDAR
Hacemos una lista de todas las personas que hemos lastimado y nos disponemos a hacer restitución en cuanto sea posible. “Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes” (Lucas 6:31)

PASO NUMERO NUEVE: RESTITUIR
Evalúo mis relaciones. Ofrezco perdón a aquellos que me han dañado y enmiendo los daños que he ocasionado a otros, excepto si al hacerlo los dañara a ellos u otros. “Por lo tanto, si estas presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:23-24)

PASO NUMERO DIEZ: MANTENIMIENTO
Seguimos haciendo un inventario personal frecuentemente y cuando nos equivocamos rápidamente lo admitimos. “Por tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.” (1 Corintios 10:12)

PASO NUMERO ONCE: BUSCAMOS MEJORAR NUESTRA RELACION CON DIOS
A través de la oración y  el estudio de su Palabra, buscamos mejorar nuestra relación con Dios, orando para conocer su voluntad para nosotros y para poder llevarla a cabo. “Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza” (Colosenses 3:16)

PASO NUMERO DOCE: COMPARTIR Y PRACTICAR
Habiendo tenido una experiencia personal como resultado de caminar estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otros y practicar estos principios en todas las áreas de nuestra vida. Al rendir mi vida a Dios para ser usada, puedo llevar estas Buenas Nuevas a otros, tanto con mi ejemplo como con mis palabras. “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídense cada uno, porque también puede ser tentado.” (Gálatas 6:1)

Referencia: Celebrate Recovery, John Baker

martes, 25 de mayo de 2010

EL PESO Y EL PECADO QUE NOS DETIENEN

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2)

El autor del libro de los hebreos usa esta analogía de una carrera  para representar la vida del creyente fiel. En las graderías se encuentran todos los discípulos que han corrido antes de nosotros, animándonos a correr con valentía y determinación. Delante de nosotros esta la pista, una preparada anticipadamente por Dios. Al final de la pista esta la línea de llegada, donde Jesucristo nos espera para felicitar a todos los que la cruzan.

¿Que nos previene de llegar a la línea final? El autor nos dice que es el peso que nos estorba y el pecado. El pecado es algo obvio para todos. Una vida de fe debe ser vivida en obediencia a la Palabra de Dios. Pero, ¿qué acerca del “peso que nos estorba”?  Debido a que este peso no es algo muy obvio, es lo que más interfiere para que lleguemos a la línea final.

El autor de hebreos nos desafía a que “nos despojemos” de todo el peso que hace que corramos lentamente. Imagínate a un atleta que se quita sus ropas de calentamiento para quedarse solamente con su uniforme de carrera. Al hacer esto, no tendrá nada que le estorbe durante la carrera.

 Piensa en cuáles son las cosas que debes quitar de tu vida para que puedas correr efectivamente tu carrera.

domingo, 14 de marzo de 2010

CONSEJOS PARA MANTENER LA INTEGRIDAD SEXUAL


1. Se honesto - Reconoce que la tentación sexual es inevitable en nuestra cultura obsesionada con el sexo. Las imágenes eróticas en las vallas publicitarias, películas, televisión y miles de otros estimulantes, te bombardean  a diario. Ser cristiano no te exime de la tentación - los más piadosos de los hombres pueden ser presa de ella. Así que el primer paso para mantener  la integridad sexual es ser honesto. Acepta  que la tentación sexual es un problema  que tienes que  enfrentar. Recuerda la advertencia del Apóstol Juan: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos.

2. Ponte serio – Tu ya  debes saber a este punto  todos los estragos que el pecado sexual causa a todos los relacionados con ella. Lo que quizás no sepas es que todas las fantasías sexuales que alimentas, cada conversación sensual que  mantienes  a diario, o cada "segundo vistazo" que le das a alguien,  en es la semilla para el SIDA, el adulterio, el corazón destrozado, una vida arruinada. Ponte serio - si  entretienes la lujuria, estás bailando al borde de un precipicio. Toma medidas concretas ahora que  puedes. "La lujuria, cuando se concibe, da a luz el pecado, y el pecado, engendra la muerte". (Santiago 1:15)

3. Prepárate - Si  realmente crees que un terremoto esta por ocurrir, te preparas para ello y desarrollas  un plan de emergencia. Si realmente crees en la tentación sexual es común y puede llegar a ser fatal,  harás un "plan de emergencia" para cuando esta llegue. Decide de antemano qué hacer cuando te sientas tentado: cómo distraerte, a quién llamar, cómo escapar en momentos difíciles. Incluso el apóstol Pablo admitió: "Como un atleta entreno mi cuerpo para hacer lo que debería, no lo que quiero hacer. De lo contrario, me temo que yo mismo podría ser descalificado”. (1 Corintios 9:27)

4. Conéctate - El pecado sexual crece en la oscuridad. Si estás atrapado en cualquier vicio sexual, una cosa es cierta: El secreto que rodea tu comportamiento es lo que refuerza su poder sobre ti. Cualquiera que  sea la vergüenza que sientes de admitir tu problema a otra persona, la realidad es ésta: no puedes vencer esto por tu cuenta. Si pudieras, ¿no lo habrías  hecho ya? Toma la indirecta de Santiago: "confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados." (
Santiago 5:16) Encuentra un amigo cristiano maduro en quien puedas  confiar. Has a este amigo un socio en tu recuperación, y NUNCA asumas que has llegado a un punto en que ya no necesitas rendir cuentas.

5. Se radical - Si  eres serio sobre la integridad sexual, te alejaras  no sólo del pecado sexual particular al que eres  más propenso  (fantasear,  pornografía , adulterio, fornicación, masturbación, prostitución), sino que también te alejaras de cualquier persona o cosa que te tiente a pecar. A veces, incluso una actividad legítima (ciertas películas, música o clubes, por ejemplo) pueden estar bien para que otras personas las  disfruten, pero no para ti. Se radicalmente  honesto acerca de tu estilo de vida, todo lo que en ella te haga  propenso al pecado sexual  se tiene que ir. "Todas las cosas me son lícitas", dijo Pablo, "Pero no todas son edificantes. No dejare que nada me domine." (1 Corintios 6:12)

6. Busca Ayuda - Los pecados sexuales son a menudo un síntoma de  necesidades emocionales más profundas que un hombre está tratando de satisfacer en todas las formas equivocadas. El arrepentimiento del pecado en sí es un primer paso necesario, pero reconocer los conflictos o necesidades que te llevaron a ese comportamiento puede ser el siguiente paso,  requiriendo quizás algún tipo de atención especializada de un profesional cristiano. No dudes en buscar consejería si estás atrapado en ciclos de comportamiento fuera de control. La respuesta que  necesitas puede ser algo más que "orar y dejar de hacerlo!" El Rey David (que no fue ajeno al pecado sexual, por cierto) se refugió en la tutoría inteligente de Samuel. (1 Samuel 19:18) Si estás dispuesto a buscar ayuda profesional para los impuestos, asistencia médica o asesoría profesional, seguramente  estarás dispuesto a hacer lo mismo para mantener tu integridad sexual.

7. Ponte cómodo - El problema de la tentación sexual no va a ninguna parte. Ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales, y no cabe duda de que será  una plaga hasta que Cristo venga. Así que se siéntete cómodo con la idea de que  necesitas  controlar tus deseos sexuales durante toda la vida, recordando siempre que tu integridad sexual es sólo una parte de la vida, en  el proceso de santificación que todos los cristianos pasan. "Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto", Pablo dijo a los Filipenses. "yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta". (Filipenses 3:12-13) Así que aprende a amar el proceso.

8. Busca amor - "He estado buscando el amor en todos los lugares equivocados", dice una vieja canción. El pecado sexual al  que estás atraído  puede ser de alguna forma un sustituto  barato (aunque intenso)  del amor. Puedes arrepentirte del pecado, pero no de la necesidad que el  pecado representa. Así que busca amor en tu vida: amistades, familia, cónyuge, hermanos en la fe. Un hombre que ama de verdad, y sabe que es amado de verdad, es mucho menos probable que  busque de lo que ya tiene en lugares donde nunca lo encontrará. “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?" pregunta Isaías (Isaías 55:2.) Aprende a ser íntimo y auténtico. Es una de las mejores maneras de proteger tu corazón y tu integridad.

9. Busca la Gracia - No es el hombre sin pecado el que llega hasta el final, sino  el hombre que  aprende a levantarse  después de que  tropieza. Si tu lucha parece implacable, recuerda esto: cuando te comprometes a la integridad sexual, te comprometes a la dirección, no a la perfección. Es posible que tropieces en el camino – no que esto sea  justificación para el pecado, sólo una visión realista de la vida en este mundo caído. Lo que determina el éxito o el fracaso de un hombre imperfecto es su voluntad de levantarse, confesar su culpa, y continuar en la dirección que  se comprometió a seguir. Recuerda el  enfoque de Pablo: “olvidando ciertamente lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14)

10. Vive con intensidad - ¿Cuál es tu pasión? ¿Cuál es tu llamado? ¿Qué tan claras son tus metas? Y, por cierto, ¿tienes alguna diversión? El hombre que no tiene una vida - una pasión, un sentido de propósito, la capacidad de jugar tan duro como el  trabaja - es un hombre con un traje vacío hecho para el pecado sexual. Tan importante como lo es la pureza, la vida es algo más que mantenerse sexualmente puro. Se trata de saber quién eres y por qué eres, saber dónde están tus prioridades, y hacia dónde te diriges. Si  no sabes estas cosas acerca de ti, tienes mucho en que pensar. Comprométete  a desarrollar tu vida como un buen administrador de tus dones y  oportunidades, y has  de ello  el contexto en el que tratarás de mantener tu integridad sexual. La integridad sexual para tu propio bienestar es una cosa buena; la integridad sexual, en aras de un llamado superior es mejor. Así que por todos los medios posibles apártate de tu pecado. Pero, al  hacerlo, gira a la vez hacia una vida significativa, orientada por metas, apasionada. Ese es el arrepentimiento en su sentido más verdadero, más fino.


Articulo original en ingles por Joe Dallas, autor de varios libros y conferencista en el área de la Integridad sexual

miércoles, 10 de marzo de 2010

NO ARRUINES TU VIDA A CAUSA DE LA PORNOGRAFIA

¿Qué te dice tu corazón acerca de Jesucristo?

Tarde en la noche, solo en tu cuarto frente a la pantalla de tu computador, el mouse listo para dar ese clic que te da placer por unos segundos y arruina el resto de tu vida.

¿Qué te dice tu corazón acerca de vivir una vida en libertad o vivir esclavo de la pornografía?

Puedes ocultarlo de todos aquellos cercanos a ti, pero, ¿puedes ocultarte de tu propia conciencia y de la presencia de Dios?

jueves, 18 de febrero de 2010

EL FINAL..., EL COMIENZO!

Yo sé que mis deseos egoístas no me permiten hacer lo bueno, pues aunque quiero hacerlo, no puedo hacerlo. (Romanos 7:18)

Nunca quise convertirme en un adicto al sexo. Nunca pedí llegar a serlo. Nunca trate de hacerlo. Era lo más remoto en mi mente. Sin embargo, la adicción llegó a estar atrincherada en cada fibra de mí ser.

Eventos de mi niñez contribuyeron al desarrollo de mis adicciones y aunque podría señalar con el dedo a algunas personas, no hay razón para culpar a nadie. Con lo que se hoy, puedo ver que mis pensamientos y acciones destructivas en el área sexual comenzaron cuando era tan solo un niño. Aprender las causas del problema ayuda, pero el aprender a vivir en libertad de mis propios comportamientos destructivos es crítico para que pueda vivir en forma saludable durante el resto de mi vida.

Cada día me doy cuenta que no tengo el poder para cambiar por mí mismo, para alcanzar la libertad que tanto anhelo. Aun así, hay días en que me siento completamente libre. Otros días siento que en cualquier momento puedo regresar al oscuro lugar donde estuve sumergido y no podre escapar.

Admitir la insuficiencia y la falta de poder para lograr cambiar es un principio fundamental antes de que el cambio pueda ocurrir. Así como el alcohólico, la solución empieza aceptando que se tiene un problema. Personalmente me costó mucho el poder admitir esta simple verdad. Conozco a muchos que hasta el día de hoy se niegan a admitir su adicción a la pornografía y piensan que todo está bajo control cuando en realidad cada día las cadenas de la adicción les esclavizan más y más.

Reconocer que se tiene un problema con la pornografía y empezar a caminar en pos de la recuperación no está de moda, no es popular. Es trabajo duro, a menudo seguido por recaídas y errores. Lo que se necesita para la recuperación es el deseo de cambiar, el coraje para ser honesto y la voluntad para trabajar. Sin embargo estoy convencido que el ingrediente más importante para romper la adicción a la pornografía y a cualquier adicción sexual es un honesto crecimiento espiritual. Cada área de la vida del hombre debe ser espiritualmente reorientada si desea tener una vida saludable y buena.

Las adicciones comienzan con comportamientos sutiles aparentemente buenos. Al principio nadie lo notará. Los intereses y compulsiones relacionados con la adicción sexual son facilitados por dinámicas personales internas tales como la vergüenza, soledad, cansancio mental, hambre emocional y cosas similares. Virtualmente cualquier sistema enfermizo del manejo de las emociones puede causar una adicción. Para el momento en que las personas sospechan que alguien cercano es un adicto sexual, la adicción puede estar profundamente arraigada.

Personalmente, trate fuertemente de darle un “buen” uso a mis inclinaciones adictivas. Ellas me entretenían, me confortaban, proveyendo para mí en diferentes formas una distracción del dolor emocional de mi pasado así como de mis fracasos en la adolescencia. Pensaba que no le hacía daño a nadie. Pero muy dentro de mí no estaba orgulloso de lo que hacía. Racionalizaba mis acciones y durante algunos periodos de tiempo lograba detenerme. Pero la adicción a la pornografía continúo creciendo silenciosamente dentro de mí, ganando el control.

Cuando un adicto sexual busca escapar de su realidad, su medio de escape se convierte en su prisión. Cuando siente que el dolor en su vida cotidiana es muy fuerte, recurre a su adicción, la cual incrementará sus sentimientos de culpa y vergüenza, esos a su vez aumentaran su dolor, creando más comportamientos destructivos. Atrapados en este espiral, terminan haciendo lo que la adicción les demanda. La adicción sexual da cada vez menos y toma cada vez más de nosotros, incluso aquellos valores y prioridades que más valoramos.

Todos, de una forma u otra, hemos dicho: “no estoy hiriendo a nadie”, lo cual es solamente una de las características de la adicción, la negación. Nos convertimos en maestros de la racionalización. Minimizamos y excusamos, siempre negando la posibilidad de estar atrapados en algo mucho más grande que nosotros mismos. Hacemos todo lo posible para engañar a otros y a nosotros mismos.

El placer que se siente por unos segundos pronto te abandona dejándote solo para cargar con el peso de la culpa y la vergüenza. La vergüenza es un estado mental de condenación personal total. Nos convertimos en nuestros propios jueces y la adicción se convierte en nuestro verdugo personal. Sentimos que estamos enfermos mentalmente, emocionalmente y espiritualmente. La vergüenza nos lleva a preferir estar solos, así que nos sentimos solos y abandonados todo el tiempo. Nos preguntamos ¿dónde está Dios?, ¿por qué no nos ayuda a resolver nuestros problemas?

Finalmente caí rendido, tire la toalla. Me dispuse a reconocer mi idolatría, admití que mi adicción estaba fuera de control. Este se convirtió en el punto de partida para la reconstrucción de mi vida. Sin ningún lugar para correr y esconderme, me encontré en un cruce de caminos. Tenía que decidir entre vivir genuinamente o ser un adicto sexual. La verdad, por fea que ella era, se convirtió en la semilla para una nueva vida. Al rendir mi necedad e independencia a Dios llego un nuevo aliento de vida y una luz que abrió mis ojos. El reconocer honestamente mi debilidad me trajo a un lugar donde fue posible encontrar lo que necesitaba para recuperarme y para vivir. En humildad empecé a aceptar mis limitaciones y la verdad de mis caídas y errores. Sin saberlo había empezado el proceso de unirme al mundo como una persona completa y disfrutar la vida de la forma en que he sido creado para vivirla.

¡Sé que estoy siendo preparado para grandes milagros y mejores días me esperan por vivir!



Si tu o alguien que amas se encuentra sumergido en la adicción a la pornografía o algún otro tipo de adicción sexual te invitamos a comunicarte escribiendo a integridadonline@gmail.com


Articulo Basado en mi testimonio personal y en el libro “When Lost Men Come Home”, un viaje hacia la integridad sexual, por David Zailer.

martes, 12 de enero de 2010

¿POR QUE CONTINÚO PECANDO?

De vez en cuando escucho a algunos que profesan ser cristianos preguntar (con voz de impotencia): ¿Porque Dios no me quita estos deseos para que yo pueda dejar de pecar? Estas son personas que dicen que verdaderamente desean ser libres de su pecado sexual, del uso de la pornografía, la masturbación, etc. De acuerdo con la Palabra de Dios, la respuesta es simple: Porque ellos continúan escogiendo desobedecer a Dios. Jesús dijo: “Si me aman obedecerán mis mandamientos” (Juan 14:15). Dios nos ha dado la voluntad de decidir y si vamos a salir del lio en el que nos hemos metido, entonces nosotros mismos debemos empezar a tomar las decisiones correctas.

Nosotros los seres humanos somos criaturas muy inteligentes. También somos muy predecibles. Nuestras acciones demuestran nuestras prioridades.

Tenemos una conciencia que diferencia el bien del mal y, aunque tratamos de hacer el bien, también estamos dispuestos a hacer el mal, a pesar del hecho de que sabemos que está mal. También tenemos la capacidad para justificar nuestras decisiones pecaminosas con excusas que nos hacen sentir lástima por nosotros mismos. Si bien algunos tienen legítimos traumas que tienen que superar, la mayoría de nosotros sabemos que nuestro pecado es simplemente una patética opción a ceder a nuestros deseos carnales por un momento de excitación y placer. Nos dejamos arrastrar por nuestras bajas pasiones, esa vieja naturaleza que busca placer y que nos aparta del Creador.

¿Quién es el culpable?
¿Por qué seguimos consintiendo esos pecados, aquellos actos que no podemos controlar y que están destruyendo nuestra vida? Aquí hay algunas preguntas que son útiles para identificar al culpable de nuestras acciones pecaminosas:

1. ¿Con qué y con quién te rodeas?
2. ¿Están tus amigos ayudándote o perjudicándote cuando se trata de vivir una vida que agrade a Jesucristo?
3. ¿Cómo estas pasando tu tiempo libre?
4. ¿En qué piensas en tu tiempo libre? ¿Te dedicas a la fantasía?
5. ¿Encuentras excusas para tus situaciones pecaminosas y después sientes pena por ti mismo?

Escucha lo que la Biblia dice: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él”. Pasamos haciendo las cosas que amamos. El mundo tiene tanto que ofrecer y el diablo no las presenta justo de la forma que nos gusta. Pero se nos ha dicho: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida— proviene del Padre sino del mundo” (1 Juan 2:15-16).

¿Estás lleno de deseos por tener relaciones sexuales y experiencias placenteras antes del matrimonio? ¿Te la pasas pensando en formas de alcanzar placer con nuevas formas de depravación sexual? ¿Te hallas explorando nuevas fantasías sexuales como resultado de todas las imágenes indecentes con las cuales has llenado tu mente y tu corazón? ¿Planeas durante todo el día el momento en que estarás a solas para entrar a esas páginas de pornografía que encontraste en el internet? ¿Estás teniendo relaciones con tu esposa y al mismo tiempo estas adulterando en la mente con alguna otra persona? Si tus pensamientos frecuentemente caen dentro de alguna de estas categorías, quizás has encontrado a tu enemigo. Jeremías 17:9 nos revela: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” y Jesucristo dijo: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. Éstas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos” (Mateo 15:19-20). ¿Puede el problema estar dentro de tu propio corazón? Solamente tú sabes la respuesta a esta pregunta, pero todos podemos estar seguros que un corazón que no ha sido redimido producirá todas estas cosas en abundancia.

Me atrevo a decir que todos deberíamos en este punto poner nuestro orgullo a un lado y revisar nuestros corazones cuidadosamente. Pasemos un tiempo delante de Dios pidiéndole que examine nuestros corazones y nos permita recordar toda la suciedad que aun tengamos, y que podamos rendirnos completamente ante la misericordia y el poder transformador de Jesucristo. El hipócrita que se auto engaña esta en el peor de los estados. El cree que todo está bien entre él y Dios (y cree que no tiene necesidad de cambiar o auto examinarse), cuando en realidad, nada está bien.



Pídele a Dios que haga un trabajo profundo exponiendo todos los deseos y las intensiones de tu corazón. Pídele que despierte tu conciencia y te muestre toda la lujuria y los bajos deseos que aun te dominan. Este es el primer paso para encontrar victoria sobre tu pecado.

Sal de la negación y reconoce que necesitas de Dios para limpiar tu corazón y transformar tu vida.











sábado, 2 de enero de 2010

PRIMERA ETAPA EN EL CAMINO A LA RECUPERACION


El primer paso en el increíble viaje a la recuperación, libre de la pornografía y cualquier otra adicción y pecado sexual, comienza admitiendo que no tenemos el poder en nosotros mismos para controlar nuestro comportamiento y hábitos destructivos, reconociendo que nuestras vidas se han vuelto inmanejables y que estamos fuera de control.

Antes de empezar esta primera etapa, esta parte del viaje hacia la integridad, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Estamos cubriendo nuestras vidas con una máscara de negación, pensando que nada nos sucederá y que ese problemita de la pornografía es insignificante y que podemos dejarlo cuando queramos? ¿Estamos diciéndonos a nosotros mismos que la pornografía no es una adicción y que todo el mundo lo hace? ¿Estás justificando tu adicción a la masturbación con tu edad, tu soltería o tu soledad? ¿Estás justificando tus relaciones sexuales de soltero diciendo que todos lo hacen? ¿Estás justificando tu lujuria? Si encuentras una razón para justificar alguna de estas situaciones, entonces estas usando una máscara llamada NEGACION. La recuperación empieza quitándonos la máscara de la negación, admitiendo que tenemos un problema y se nos está saliendo de control.



No podemos sanar una herida simplemente diciendo que no existe, necesitamos hacer las curaciones requeridas para que esa herida pueda sanar. Aquel que hace algo y continua haciéndolo, aun sabiendo que puede hacerle daño, termina convirtiéndose en esclavo de de esa acción. Dios dice en 2 Pedro 2:19: "Les prometen que serán libres para hacer lo que quieran, pero ellos mismos no pueden dejar de hacer el mal. ¡Ese mismo mal acabará por destruirlos! Pues el que no puede dejar de pecar es esclavo del pecado”.

La negación causa ansiedad, haciendo que gastemos preciosa energía, pues estamos preocupados por nuestro pasado y porque no se descubra ese secreto oscuro que guardamos. Una persona esta tan enferma como sus secretos y no estará listo para recibir sanidad hasta que no esté listo a reconocer su problema. Salmos 107:13-14 afirma: “En su angustia clamaron al SEÑOR, y él los salvó de su aflicción. Los sacó de las sombras tenebrosas y rompió en pedazos sus cadenas”. El camino a la recuperación empieza en el momento en que estemos dispuestos a hablar de ese secreto y admitir nuestra incapacidad para romper el ciclo adictivo, cuando nos damos cuenta que nuestro propio esfuerzo no es suficiente.


Dios nunca desperdicia una herida; Pero él no la puede usar hasta que no salgas de la negación a la luz de Su verdad. “Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”. (1 Juan 1:5-7).

El poder para cambiar solamente viene de la gracia de Dios. En esta primera etapa reconocemos que no podemos manejar nuestra adicción y reconocemos que solamente Dios tiene el poder para restaurar nuestras vidas, sanar nuestras heridas y ayudarnos a reconstruir las murallas caídas de nuestros principios y valores morales y espirituales. Solamente Dios nos puede traer de regreso de la oscuridad a su luz admirable. Una persona que navega en las turbulentas y peligrosas aguas de la pornografía y el pecado sexual se aparta día a día de Dios, de su integridad y de sus valores morales. Empieza a considerar a los seres humanos como objetos de placer y sus valores fundamentales se ven comprometidos seriamente.


Hebreos 12:1 nos dice: “Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. Dios tiene una carrera particular, un plan único para cada uno de nosotros, un plan de bien y no una vida consumida por dependencia, adicciones y obsesiones.

Para romper tus adicciones vas a tener que trabajar duro. Necesitarás un genuino deseo por cambiar, coraje para ser honesto y voluntad para trabajar, pero el más importante ingrediente que necesitarás es un honesto crecimiento espiritual. Cada área en tu vida debe ser espiritualmente reorientada si deseas una vida saludable y buena. “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas”. (Proverbios 3:5-6). Dios tiene el poder para sacarte de la oscuridad que ha dirigido tu vida.