martes, 25 de mayo de 2010

EL PESO Y EL PECADO QUE NOS DETIENEN

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,  puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Hebreos 12:1-2)

El autor del libro de los hebreos usa esta analogía de una carrera  para representar la vida del creyente fiel. En las graderías se encuentran todos los discípulos que han corrido antes de nosotros, animándonos a correr con valentía y determinación. Delante de nosotros esta la pista, una preparada anticipadamente por Dios. Al final de la pista esta la línea de llegada, donde Jesucristo nos espera para felicitar a todos los que la cruzan.

¿Que nos previene de llegar a la línea final? El autor nos dice que es el peso que nos estorba y el pecado. El pecado es algo obvio para todos. Una vida de fe debe ser vivida en obediencia a la Palabra de Dios. Pero, ¿qué acerca del “peso que nos estorba”?  Debido a que este peso no es algo muy obvio, es lo que más interfiere para que lleguemos a la línea final.

El autor de hebreos nos desafía a que “nos despojemos” de todo el peso que hace que corramos lentamente. Imagínate a un atleta que se quita sus ropas de calentamiento para quedarse solamente con su uniforme de carrera. Al hacer esto, no tendrá nada que le estorbe durante la carrera.

 Piensa en cuáles son las cosas que debes quitar de tu vida para que puedas correr efectivamente tu carrera.